
El mundo de las criptomonedas no es solo un mercado, es una montaña rusa emocional, un vínculo emocional financiero. Y en el corazón de esta montaña rusa, a veces, nos encontramos con una decisión dolorosa que pone a prueba nuestra convicción: vender una criptomoneda muy querida y actualmente en pérdidas, para invertir ese capital en un proyecto muy prometedor.
Aquí me encuentro, con la frente arrugada y el corazón dividido. Tengo una posición considerable en "Alts" que compré con entusiasmo hace meses, creyendo firmemente en su tecnología y utilidad. Es mi inversión favorita, mantenerlas a largo plazo. El problema es que el mercado no ha sido amable, mi inversión está ahora un 30% por debajo de mi precio de compra.
La llamada a la sabiduría de un Amigo
Desesperado, hice lo que cualquier criptobro en apuros haría: escribí por Telegram a un amigo, que él siempre tiene un ROI positivo.
Skull, estoy en un lío. Si vendo ahora pierdo X cantidad, pero puedo entrar en esta otra antes de que explote. ¿Qué hago? Me da pánico hacer esto y asumir esa pérdida.
Su respuesta fue clara y directa, como un martillazo de sensatez:
"Todos la vemos como una apuesta segura, ahora está a buen precio para entrarle pero imagina que vendes las otras asumiendo esa pérdida, entras en esa y baja todavía más! Si compraste chorradas algunas ni subirán pero si son ISO sabes que al final antes o después sí subirán. Si vuelves a comprar, invierte sólo en esa que te gusta hasta que estés en tu idea de acumulación y no asumas pérdidas ahora, por si te arrepientes y te sientes peor. Ya estás posicionado para bien o para mal."
Su consejo, aunque duro, resonó con verdad. Es hora de cortar los lazos emocionales con el token y ser realistas. Estamos aquí para ganar dinero y no para perderlo. Pero las amo. Las amo por la esperanza tóxica que me ofrecieron. Las amo porque si las mantengo, la pérdida no es real, ¿verdad? Si tengo paciencia sé que acabarán dando un buen ROI pero quizá tarden algunos meses más de lo esperado.
Ahora solo es un desgaste emocional. Es mi pequeña inversión financiera con cáncer terminal, pero no voy a desenchufarla, sino a esperar un milagro de revalorización, aunque ya esté emitiendo un pitido fúnebre. Supongo que la decisión está tomada, seguiré hasta el infierno financiero y si no, nos veremos en la Cima.
