
¡Felicidades! Si estás leyendo esto, significa que aún tienes electricidad y dedos para hacer scroll. Eso ya te coloca por encima del 90% de los inversores en cripto. La música se detuvo, el gráfico está más rojo que el ojo de un minero tras 72 horas en la mina y tu wallet ahora vale menos que una pizza sin toppings. Es hora de la supervivencia, amigo mío.
Paso 1: Aceptación o negación productiva
Lo primero es lo primero: mira tu saldo. Si tienes suerte, parecerá un número de teléfono. Si no la tienes, se verá como la temperatura de la Antártida. Respira hondo. Repite el mantra: "Vamos a salir de esta, estoy alcista, nos iremos to the Moon." Acepta que tu sueño de retirarte a una playa exótica con un yate llamado Exarpí ahora es un sueño de mudarte al sótano de tu madre con una lata de atún caducado.
Paso 2: El arte de la caza y recolección digital
Tu mayor activo ahora es tu dignidad... espera, no, tu mayor activo es tu viejo portátil. Límpialo, quítale las manchas de Cheetos y vuelve a minar algo. Cualquier cosa. Unos céntimos de algo insignificante es mejor que el cero épico que tienes. Si eso falla, empieza a buscar esas viejas wallets que creaste por las risas en 2017. Igual encuentras un par de monedas perdidas. Piensa en ello como una búsqueda del tesoro digital, la basura de un novato es el almuerzo de un hodler.
Paso 3: Estrategias de intercambio económico
Tu comida ya no es la langosta, es la pasta seca. El lujo ya no es un Lambo, es tener datos en el móvil. Es hora de hacer trueques. ¿Tienes todavía un NFT de un mono aburrido? Ve a tu vecino. Ofrece el token a cambio de seis huevos y la promesa de no hablar nunca más sobre blockchain. Él tendrá un JPEG que puede imprimir y tú no mueres de hambre. ¡Todos ganáis! Bueno, principalmente tú.
Paso 4: El Gran Silencio
Lo más importante: desaparece de Twitter y Telegram. No te quejes, no alardees de tus pérdidas de lecciones de vida y por el amor de Dios, no digas que vas a comprar la caída. Nadie quiere escuchar al tipo que ahora posee una deuda en lugar de un Lambo.
Simplemente sonríe y saluda a la gente pero recuerda: no te preocupes por la sangre, es solo pintura en el suelo con un alto contenido de hierro. Disimula poniendo una alfombra encima. ¡Aguanta!
