El Purgatorio del Hodler: Un sentimiento contra la razón

To the moon no se mueve

El sentimiento no es una métrica, es una enfermedad. Y el inversor que ve cómo las noticias más gloriosas se deslizan inofensivamente sobre el precio de su activo está contrayendo la fiebre de la frustración resignada.

Todo es prometedor. Los comunicados de prensa son himnos de éxito. Hay asociaciones con gigantes tecnológicos que, según la lógica mundana, deberían catapultar el precio a la estratosfera. Los análisis técnicos en redes sociales muestran "patrones de acumulación" y "rupturas inminentes". El universo conspira para que sientas esperanza.

Pero luego abres la cartera...

Ahí está la vela roja. El color de la decepción, desafiando la gravedad, el sentido común y la promesa de un futuro mejor. Es un insulto silencioso a tu inteligencia. Te has informado, has hodleado con fe de monje tibetano, has ignorado a los escépticos. Y aun así, el precio es tan estable como un reloj detenido.

El sentimiento es este: la sospecha helada de que estás equivocado y nadie más lo sabe. El mercado entero está eufórico por la tecnología, las hojas de ruta y el white paper, pero por alguna oscura razón cósmica, tu participación es la que está anclada a una roca. Sientes que has comprado una entrada para un cohete que ya despegó, y tú te quedaste con el ticket en la mano, de pie en la plataforma de lanzamiento.

La desesperación se mezcla con el humor y la tristeza. ¿Cómo es posible que una noticia que haría subir a cualquier otra acción en un 20% sólo logre mover tu precio un 0.05%? Llega un punto en el que deseas la indiferencia, anhelas la paz de la ignorancia. Quieres dejar de escuchar sobre los avances y la adopción, porque cada titular positivo sólo te recuerda que tu activo es la excepción patética que confirma la regla.

Es el purgatorio del hodler: estar rodeado de riqueza potencial mientras tu propio capital está en una pausa indefinida. Es la puñalada trapera de la tecnología, un cachondeo con tu dinero.

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