
El FOMO no es envidia, es la evolución moderna de la culpa religiosa, pero reemplazando a Dios con Donald Trump.
Seamos honestos, el verdadero terror en cripto no es el desplome del mercado, es la agonía del FOMO (Fear Of Missing Out). Es esa sensación punzante de que eres la única persona en la Tierra que no ha hipotecado a su abuela para comprar el token de un perro con sombrero de copa y estás condenado a una vida de pobreza y madrugones de 9 a 5.
Es esa punzada visceral a las 3:00 AM que te dice que mientras duermes, otros están volviéndose millonarios invirtiendo en un proyecto cuya hoja de ruta es a golpe de tuit. Corres a tu teléfono, con los ojos inyectados en sangre, para ser el último tonto en la fiesta, gritando "to the moon!!" mientras te subes a un cohete de cartón propulsado por las esperanzas y el capital de otros tontos.
La belleza del FOMO es su pura irracionalidad. Sabes que estás comprando una cripto por el mero hecho de que ha subido un 300% en las últimas 24 horas. Es como ver un accidente de tráfico y decidir acelerar tu propio coche hacia él, sólo porque el último coche que se estrelló consiguió una prima de seguro jugosa. Tu cerebro te dice: "No compres", pero tu ego susurra: "¿Y si esta vez eres el genio que se retira a los 25 años?". Spoiler: No lo eres.
El inversor promedio movido por este miedo corrosivo, no está invirtiendo; está participando en un pacto suicida colectivo, esperando que el precio suba tanto que no pueda contar los ceros con los dedos de una mano. Y lo trágico es que a menudo, el precio baja. Es una cadena interminable de adrenalina, miedo y felicidad, hasta que el último gráfico te da la sensación de que se te ha bloqueado la pantalla del móvil o se ha caído internet y por eso la vela no se mueve. Es la selección natural financiera en su máxima expresión.
Así que, la próxima vez que sientas esa necesidad de vender tu riñón para "comprar el dip", recuerda: la única certeza en cripto es que: si bien podrías perderlo todo, al menos el pánico será compartido por millones. Morirás en la miseria, sí, pero morirás sabiendo que no te quedaste fuera de ese miedo global y vacío existencial.
Es la camaradería de la ruina. Brindemos por el próximo rug pull que nos recuerde que fuimos lo suficientemente tontos como para creer que esta vez sería diferente. ¡Al menos morirás sin arrepentirte de no haber participado!
